martes, 28 de enero de 2014

Discharge - Hear Nothing See Nothing Say Nothing [1982]

Había que tomarse las cosas por las buenas, así tiene que ser siempre, tomarse todo por las buenas, porque el único limite que detiene al hombre en su búsqueda por la verdad y la identidad es su ruptura con la enajenación. Cuya enajenación puede estar descansando con el “Status quo” y si éste imperioso y omnipotente ente nunca nos dejase respirar, ya no hay que tomarse nada por las buenas; ahora hay que ¡¡¡Destrozar!!! Y el uso de la violencia como alternativa será lo indispensable.




Lema que debieron llevar tatuados aquellos inconformes y rebeldes jóvenes. Pero ya no eran los jóvenes del punk tradicional los que asteaban la bandera de la anarquía y en contra de la corrupción social; era una generación más promiscua, indecente y obscena, una generación, que al igual que sus predecesoras nodrizas, se descontrolaron para hacer todo añicos. La violencia fue parte de su genoma: de su constitución fisiológica incendiaria, de su anatomía envenenada y de su enardecido sentimiento de ira.

En contraposición de todo. Una ineluctable situación callejera, vagabundez y perdición fueron los elementos perfectos para manifestar en oposición a: Guerras nucleares y experimentos inhumanos. Execraciones atípicas y contraculturales se vivieron; hacía una afrentosa realidad cargada de oído y mezquines. Discharge fue de aquellas bandas que orinaban en el sonido de ramones (Cuál una vez fueron fieles seguidores acervados) y de todas las banditas de punk de finales de los 70s. Y si se creía que el Hardcore, ese hibrido sanatorio e inocente se dio con bandas como Black flag, Bad Brains… y esas mamadas, pues qué mal estábamos.

“Hear Nothing See Nothing Say Nothing” podría formar parte como una de las manifestaciones más claras para el género, y su trascendencia para el metal extremo se sale por los cuatro costados, y está de más agregar que sin discharge, quizá el mundo de la música pesada como la conocemos hoy no hubiera tenido la misma faceta.  No es sorprendente y estimulante darse cuenta cuán adelantado puede estar un disco, lo que es sorprendente es porque no se referencia éste entre la coalición de género rudo por excelencia: “Metal”
Estos ingleses desde un principio tenían en cuenta que su “música” (en aquel año de interdicciones constantes, siempre consideraron a los Discharge como una bola de mierda ruidosa) nunca iba a ser llamada música* Qué bien estaban al no querer obedecer. Vaya demostración fétida y cruda sobre la desobediencia. Permítanme un momento y decir: que siempre es propositivo esas aguerridas ideas destructivas, que al principio nos acobardan por miedo a un horizonte desconocido, a una tierra totalmente ignorada, y nunca allanada.

La filosofía del punk siempre tuvo dos caras: 1) – La presunción de unos imbéciles, guiadas por un montón de ideas sin bases, sólo justificándolas como “revolucionarias” 2) – La cara explorativa, fiel a una doctrina revolucionaria en cambios, hechos y actitudes basadas en la praxis punketoide. Siempre hubo esa tergiversación, y ese doble filo, que quiérase o no, muchos claudicaron ante los primeros ideales, sin ponerse a cavilar “los porqués” de su condición como seres transformadores, no consumidores ligeramente “distintos”.

Y toda esa morada de pensamientos que fluían tenían que ser dichos o hablados, pero la intempestiva violencia era más fácil para llamar la atención de las masas inermes y ajenas de todo, excepto de sus triviales “dificultades” que se van dan día a día. Y como se iba a llamar la atención: “Gritándola” así lo predijo y actuó Discharge. “Cal Morris” cómo vocal áspero y rúcano de bronquios metálicos, era el que lanzaba el escupitajo directo al ojo electrónico; Bones en las guitarras; “Rainy” en el bajo y Garry Maloney en la batería. Garry Maloney, tenemos que mencionarlo aunque sea a la ligera, fue el redentor y expansionista de ese “mítico” D-beat (Tempo acelerado en la batería que fue crucial para el Thrash)

El sonido de Discharge es la reunión de 4 marginados que rompen las sillas de un evento políticamente proselitista: ellos entran sin invitación, eludiendo a los guardias, con sus camisas rotas y desmangadas y jeans desgastados y sucios, entran con impronta volatilidad que destruyen tarimas, adornos, mesas, y todas esas gentes que se encuentran tragando mierda por parte del “poder inquisitivo” pero en el sentido literal es: monotonía a lo ancho de la travesía, guitarras que sin melodías creando sólo delirios caóticos y déspotas-
Todos los instrumentos caen en paredes atacantes de sonidos roedores y ondas constantes de láseres porfídicos, rompiendo el tejido de las membranas auditivas y marchitando el tímpano en 2 escuchas, a lo mucho una agradable sordera crónica. 

Producción al igual que el arte simple y llana, sin mucho detalle. Ya no importa si lo escuchan o no, lo que importa es cuanto tiempo más este disco seguirá siendo una obra incolora, que permanezca entre clásicos de clásicos. Álbum de culto, y de pulsaciones rojizas intermitentes que demuestran sólo una cosa: “Actitud”       

Y así empieza la música pesada…..






Nota: 9.0 



Publicado Por: Albert Spaggiari

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