viernes, 29 de agosto de 2014

Krzysztof Kieslowski – Tres Colores: Blanco [1994]



Proseguimos con la estadía de Krzysztof en Francia con la exposición de dichos lemas, en el ciclo Trois Couleurs, con su segunda entrega: Blanc, Bialy o Blanco. La igualdad, como la ejecuta el director hace nuevamente trazos de lo que podría significar en verdad o lo que por él entiende. Sinceramente, lo más rescatable detrás de la evolución de su primera Oferta “Bleu”: es la maquina frigorífica que nos transporta desde la capital de France, hasta la bañada, fría y congelada Polonia que viste de Blanco todos sus eternos y longevos paisajes invernales. Ese sería el ambiente del color gazpacho blanquecino, que se encargaría de incorporar comedia triste y menos simbolismos sobrecargados como lo fue el broche en alto: “Tres Colores: Azul”.

La trama es sobre un tipo llamado Karol (Zbigniew Zamachowski) que es un peluquero polaco donde su casamiento en Francia no fue consumado y su esposa: Dominique (Julie Delpy) hace el proceso del divorcio debido a que Karol tiene impotencia pasajera (Vaya pendejada!). Una vez pasada esa situación, pasa sin ningún dinero, sin lugar donde dormir y con una gran maleta, en el metro. Al conocer al único amigo en todo el desagüe de su vida, Mikolaj (Janusz Gajos), éste le presta dinero para volver a su tierra natal a reformarse. Tras algunos inconvenientes, Karol logra llegar a la peluquería de su hermano golpeado y devastado, sentimental y físicamente.

Karol aunque ama fuertemente a su ex-esposa, primero trata de establecer una manera fácil y productiva para ganar dinerín, luego le ayudaría su encumbrada personalidad habilidosa a hacer un negocio que le hará rico y suficientemente reformado para seguir sus planes, hace socio a Mikolaj por ser el único que lo apoyo en los momentos más difíciles, y por ultimo: Un Plan maquiavélico para vengarse y enamorarse aún más de Dominique, la persona que lo despreció, humilló y lo pulverizó con las leyes.

Y así de sencillo está el turrón que nos vamos a comer con sabor a venganza, amor, obsesión, dolor, esperanza y una infinidad de sentimientos que desequilibra la balanza, pero: ¿Dónde está la igualdad? De seguro está por el pago que recibe uno hacia el otro, llegando finalmente a la felicidad de ambos. Tremebunda idiotez sin lógica si la vemos con una óptica de arrebatado pandillero que quiere su dosis muy explicativa y con métodos a lo Disney. La igualdad es la más camuflada en el largometraje, con un estudio intimista con los personajes que maniobran unas cualidades que nos darán momentos de reflexión y emoción. Un punto cursivo en la obra, es el retrato de combinar humor con drama, que despliega en la historia con las peripecias de Karol el ni hacernos gracia ni hacernos emocionar como también hacernos gracia y hacernos emocionar, entreteniendo con la simpleza adecuada.

El nivel de “Blanc” es más bajo que su predecesora, per no por ello falta de ingenio y personalidad, porque queda demostrado desde este punto. Que Kieslowski no es un director que te hecha la faena así por así o que le va a dar la vuelta a la tortilla sin el permiso de tu empleada. El polaco añade en sus largometrajes el poder de la cualidad intrínseca, aunque la que me he fajado de un tirón sin sentir el tiempo encima, contiene numerosas imágenes y flashbacks para construir un hilo o conexión entre la tríada pintoresca, donde en esta circunstancias se presenta un hombre y no una mujer, donde acostumbra regar criticas y sumergirnos en la refrigeradora para ver si sobró un poco más de ese rancio turrón.

Los personajes de Dominique, Mikolaj y Karol son soberanamente sobresalientes, nos podemos identificar o no con ellos pero desprenden belleza cada quien, argumentos elaborados y las cámaras ya ni contamos… ¿Cómo papuchas la técnica no va hacerse mención? Si solo hay que ver las escenas, los ángulos, el color y sobretodo captarnos el momento con fijación. No quiero forjarme un debate exhaustivo o un pergamino descriptivo de lo que es este segundo peldaño en la trilogía definiendo La Igualdad, y opto por no quebrarme el coxis y dejarles la tarea chunga de ponerse a trabajar ese culo aguanoso, a sudar las axilas con bellos de cavernícolas y agitar las uñas mugrosas frente a los pixeles muertos de en frente, para encontrar “Trzy Colory: Bialy” en calidad empañada.

Al espectador le costará concluir con exactitud el mensaje transmitido, ese final inesperado, ese plan que se comete a perfección y el sentido en que como se realizan los sucesos y actos como menos esperábamos, casi rozando lo absurdo. ¿Cuál es el tema de la película?, ¿El desamor?, ¿la inadaptación del individuo a un contexto sociocultural diferente al suyo?, ¿la venganza?, ¿la infelicidad?, ¿la inmigración?, esa serie de temas se embargan todos a la vez, aunque podríamos extendernos con varias cuestiones que exhibe “Tres Colores: Blanco”, no lo haremos, un tema principal es: Tú me jodes y yo te jodo o en un trasfondo más entendido solo hace falta correr por sus cuentas la ultima pregunta: ¿Qué hace falta según ustedes cucarachas, para llegar a la igualdad?, ¿Según lo expuesto por el director, cambia su forma de ver la igualdad?. Eso, colegialas…Es un mérito a “Bialy” y a Krzysztof Kieslowski, que caga blanco y si huele, eh…




Nota: 7.5


Publicado Por: Zdzislaw Beksinski


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