lunes, 4 de agosto de 2014

David Lynch – Corazón Salvaje (Wild At Heart) [1990]


 
Señores/as, hínquense, dense media vuelta, pongan  culo al aire, que David Lynch les meterá una sebosa y rotunda verga negra por el culo llamada: Corazón Salvaje. Sí, será una rojiza y salvaje verga la que les empalmarán hasta que digan ¡Basta! Bueno, bueno… dejemos las culeradas para otro momento. En fin. Hoy tenemos una gruesísima película, un ejercicio que les pondrá a prueba… a ver si les gusta ser damiselas y que se las flirteen de paso a la tiendita, o, ser machazos y dejarse caer unos buenos trancazos en los dientes, para que a puño de matón se los vayan botando… ¡One, Two.. y a la mierda! 

Nada más que una cinta del norteamericano que siguió los caminos del surrealismo europeo, claro siendo muy distintivo de éste, donde trazaría un estilo doloroso e indeleble. Metraje con olor a churritos de escuela pública, de esas para estar sobándole las piernas a la gorda Mariel, que la faja le apesta a carnicería de pueblo, mientras entiendes una verga de lo que está sucediendo. Si es que tiene el dilema axial de seguir tocando esas mamosas y negras piernas mal afeitas, a ponerle atención tan siquiera al titulo que tiene en frente, posiblemente para buscarlo en tus ratos lúcidos. 

Ya una vez puesto en la lista de la compra del mercadito, a un lado de las cebolletas y los perejiles, has puesto Corazón pelado… cuando es Salvaje. En fin. La hallas por azare del destino, y dices: esta pelí me recuerda a las piernas venosas y con picaduras de mosquito. La pondré. A lo mejor me llevo una buena historia. Plash, la pones y te caen diez centurias de castigo donde tocaras piernas de haropasas ancias con un índice hacía la lepra, por no prestarle debida atención en su momento. Ya con esos adagios y vaticinios sobre tu aurora punible, quedarás redimido… al Souls, por contemplar lo que de joven te parecía una chapucería para los adultos andrajosos. 

Un Nicolas Cage (Sailor), cabroncillo con su chaqueta piel de víbora símbolo de su “independencia y libertad personal”, donde lo veríamos en lo mejor de unos ’90 esplendidos. Una cosa es de reconocer, y es que si no hace un papel extraordinario o realzado, sí pone las cartas sobre la mesa presentando un tipo maléfico, tierno y salvaje con un pasado negro que lo hace arrodillarse en tiernos cavillos prematrimoniales acerca de la vida que ha levado hasta el momento. La joven que lo acompaña es la enamorada Lula (Laura Dern) que está perdidamente atraída por el Bad Boy. La madre de lula intenta matar a Sailor, porque él es único y soberano testigo de la pérfida muerte del Padre de Lula, donde dicho homicidio tiene relación con un mafioso apellidado “Santos”, contratado por la Mariett, madre de Lula. 

Así es como nos tiene acostumbrados el Maestro Lynch: a en revesadas historias que muestran talento de chascarrillado y tronchantes técnicas argumentativas. Mucho se habló de este largometraje, en los puntos donde el forofo aficionado al cine del americano, tendía un preludio juicioso acerca de los valores de un Lynch que jugaba con su propio lenguaje, a modo de traicionarse y traicionarnos. Este argumento podría ser válido o no. Porque si bien es cierto: Lynch deja sus pasmosas escenas, desvelando en ellas una conclusión posterior con Flashbacks y aterida Leitmotivs que son la aseveración de lo ocurrido. Quiero decir. Hay momento donde el capitular de escenas con un recorrido hecho por símbolos lynchianos, se vuelve menos auténtico cuando nos muestra su significancia, trastocando el “entresijo” de una neonata Carretera Perdida’… No es una traición, aunque no quiero pensar que seas un recurso de dilatación artística; no quiero. 

Es cierto, que volvemos a tener ese psicológico trayecto, donde el fuego, elemento lacerante y cálido, muestra la esencia del film. ¿Por qué el fuego? Porque este representa el asesinato, la muerte y la sordidez de la traición. El significado yace, por el asesinato arremetido al Padre de Lula, donde inescrupulosamente incendiado a keroseno por las ordenes de Mariett. Elementos circunstanciales como una pareja, en similitud a Adán y Eva, en un mundo grotesco, brutal, insensato, bajo, atroz, despiadado, inhumano en el que convivirán. Puntos álgidos de esta analogía es cuando La parejita se topa con un accidente automovilístico en la carreta, y halla una palurda con el cráneo derramado en sangre, gritando por su secador, cartera, y el miedo que tiene de que su mamá la pesque… lo cuál está muerta. Ese humor y agudeza negra que  el director siempre le ha indumentado a sus metrajes. 

Otra para la mención, sería el Shock nocivo que le causa a Lula saber que Sailor contempló el asesinato de su padre, del cual ella creía que había sido un accidente. La ruptura emocional, los encuentros vodevilescos con Big Tuna (Localidad desolada y poblada de enfermizas personalidades) donde vuelve Lycnh a saturar los planos de comedia negruzca, ácidas interpelaciones al carácter endeble del ser, a su desproporcionado encadenamiento con el devenir insalubre y asqueroso. 

La cinta termina con un final feliz, un “Love Me Tender” cantado por cage a sonde crear una línea entre la parodia y realidad. Vaya usted a saber, mi sodomita amigo.
No es lo mejor del maestro de los thriller psicológicos; no es un ‘Eraserhead’, ‘Mulholland’, ‘El hombre elefante’… ‘Lost Highway’, pero si es una pelí de Lynch… y con eso yo tengo suficiente.



¡7.4 para la cacatúa norteamericano!    

Publicado Por: Albert Spaggiari.

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