viernes, 20 de diciembre de 2013

Muddy Waters – Sings Big Bill [1960]

Muddy fue un músico muy renombrado de la escena de chicago blues, a su vez, uno de los principales pilares en el sonido de escena; participe de un sonido más crudo, con guitarras eléctricas y de una sonoridad más lejana del típico delta blues de la época. Cultivo sus canciones con excelentes interpretaciones de la mano de Little Richards en la harmónica, contrabajos a la vieja escuela orquestal y pianos charles de un nivel técnico casi que critico para su época.


Muddy, a parte de tener una voz prodigiosa y carnal, contribuyo inmensamente en nuevas estructuras con la guitarra eléctrica, como el uso del Slide, siendo influencia para posteriores guitarrista de hoy un astutísimo nivel: Angus Young y Jimi Hendrix aseguraron ser influenciados por el sonido de Waters en su tiempo, y muchas de sus canciones fueron inspiradas en este blues man. Por ahí se vislumbran algunos cover de zeppelin “You Shook Me” por ejemplo, y gran armazón del blues británico fue permeado, nuevamente, por Muddy. En cuestión de influencia el tipejo éste no fue cualquier garrapata.

Muddy Waters Sings Big Bill, o mejor conocido como “Sings Bill Song” fue el primer disco de este estratega del blues. Para la 6ta década, ya la segunda mitad del siglo XX, el blues ya había tomado cuerpo antes de la segunda guerra mundial, Muddy de alguna manera renovó ese blues de antaño y llevándolo un poco más a la tecnicidad del mismo género. Ya que el delta blues, esa desdentada y primera gesta del sonido blusero, aún contenía ciertos vestigios de música pedregosa y sencilla, con la llegada de la postguerra y todo el sonido de chicago por obvias razones se iría amplificando, no sólo en cuestiones liricas, sino en un sonido más versátil y menos “anacrónico” En fin, en el caso de Muddy podemos palpar de manera intrínseca esos elementos de los que hablo en este primer álbum.

Hablando más de lleno en su sonido. Tenemos pianos con una agilidad impresionante, soltura y cambios de tonalidades en expresiones moderadas, estridentes y acompasadas, con un derroche de pomposidad y pequeñas volutas que van despuntando en hirsutos ritmos agradables. Este es el primer plano de la música del disco. Pasando ahora a la intérprete y anfictiónica “percusión”, esa batería que se aleja de los ritmos africanos, tenues y umbrosos, ahora, con esta propuesta interesante escuchamos resonantes torbellinos, por momentos histéricos, pero sin llegar a tocar la apoteosis impresionista ni nada por el estilo. Pero, admitir con franqueza que en unas canciones escuchamos algo de pentecostés, esos momentos doraditos y calientes.

Vayamos a la guitarra. Bueno, señores, creo que es delicioso escuchar esos lagartos de solos que nos echamos aquí: una buena dosis de enjutos y pegajosos ritmos antiquísimos, mostrándose mucha personalidad e increíble conmemorativa a la hora de centrar esos pinito, pero trabajados cambios tonales en su guitarruchona. La voz de Waters es muy encajada, creo que no es tan aulladora (Ya saben a que me refiero ¿no?) ni llega a molestar con alaridos, gritillos, vibratos patanes o alguna pseudotécnica “única” de canto. No se me vayan a rascar el ombligo, pueblerinos, ¿eh?... siguiendo, su vos es clásica y con muchos colores dentro de la masculinidad que atribuye su canto; en las partes melodiconas tenemos al negro cándido y amable (Esta clase de canto sería muy rallado para el soul y género venideros) por lo que cabe no hay que subrayar de su voz.

Pero, ahora, la mejor parte, Ja, si señores: “La armónica”…. Quisiera saber quién es el sujeto, se rumorea que “Little Richard” sea quién sea, mis amiguitas, el tipo que hace los entrecortados, desmenuzados, coléricos, hasta quiméricos y cromáticas armonías se lleva el papelón y la olla de la fortuna. Va marcando y serruchando todo con una pulquérrima presencia dentro del emporio musical. Si ya de por sí la guitarra y el piano hacen el afilado y peligroso camino ni que decir de ese histrionismo despuntado  que la harmónica ejecuta en entradas y salidas, introducciones y fraseos atípicos del empapelado. Faltaría mas, sin harmónica difícilmente esto sería blues. Duele a quien le duela, sóbense sí es así.

Para no ser tan macarro y sinvergüenza, también aplaudir el labor del contrabajo que se ESCUCHA, no es desbordante y desequilibrado, pero sí está con un abrazo erguido sosteniendo toda la agudeza y chirriantes vueltas por cada uno de los anteriores instrumentos. El rompecabezas tiene su detalle y pierde algo de fuerza, para mí, en el lado b del disco, aunque, me imagino que después de los anales eso quedara en tercer plano y su mención picara la nariz y risa inevitable será.

En las canciones que más se destaca nuestro querido negroide es en “Just a Dream” donde escuchamos los cadavéricos cambios de ritmo del rock n roll y su sintonía natural con el blues y la inmanencia perpetua e inmemorial que se destaca. “Tell Me Baby” (perdonen el desorden) con que empieza el álbum, se escucha legible y pirenaica, algo rocosa y garbosa. “Doble trouble” con el piano enojada y ojeroso, acérrimos a dejar en ridículo a su padre (La harmonica) se muestra confiado y extremadamente virtuoso; muy recomendable la rolona. “I Feel So God”  tiene malicia, y es donde la harmónica garabatea y se eriza mostrándose seria y chula; jugueteándonos en tramos lisérgicos, orgiásticos y picarescos. Increíble, no chinguen.   

“Hey, Hey” es la última hora de clases de Waters, sí, ya casi toca el timbre para salir a receso y el muddy nos tiene sembrados con esa moldura, madera y roñes al momento de recitar y claro, sus músicos (Por falta de información me disculpo de no mencionarlos)  que están detrás, no son cualquier oruga envejecida y con ganas de marcharse a su covachas mugrientas. Totalmente asombroso el ejercito de el hombre salchicha (fíjense en la portada y sabrán porqué) y su escuadrón engrandecido, militantes y expertos en sus esferas áulicas.

Para ir dándole molote, y concluir con su sonido, no que ápice que agregar, ya que por lo mentado no hay mucho de que irritarnos, blues hecho con blues y para el blues. Totalmente recomendado. ¿Y la portadilla, mijo? Tómense una copita del vodka más barato, agarren a la vieja comadrona de su vecindario, frótensela en su genitales y tóquenle una canción para hacer la experiencia demoniaco-amorosa…. Pónganse el traje de su abuelo salsero, y un collar chapado y tómense la foto de perfil con la guitarra de palo… tal vez se asemejen a muddy, aunque no lo creo. Portada garrafal y horrible como ella sola.

Perros estúpidos y vagabundos, creo que no hace falta hincharse más los dedos escribiendo mierda, mejor denle un repasón al salchichón humano, o se les caerán los dientes, usen o no dentífrico. Disco muy bueno, agradable, rememorando épocas solapadas, tal vez solariegas y socavones musicales en plena escena. Bájenselo (no está tan fácil hallarlo en 320, pero aquí nos fajamos para traerles la mejor calidad posible y si no la oyen pues no hay pedo… más para nosotros jajajaaj) Ya, ya BAJENSE ESTA MIERDA Y PUNTO.





Nota: Un 7.8 como una colonia de abejas africanas asesinas que te picaran las nalgas




Publicado Por: Albert Spaggiari

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Howlin Wolf – Moarnin´ In The Moonlight [1959]

Remontemos hace una vaticinada de años atrás, exactamente unos años después de la Postguerra cuando Chester Arthur Burnnett, mejor conocido como Howlin´ Wolf (Lobo Aullador), después de trabajar incontables años en una fabrica de algodón, se animaría a formar una pequeña banda, recordando al llameante meollo del blues de Chicago (Ya que Wolf había emigrado de allí) con las probabilidades escasas y con un aventura incierta y difícil.


Wolf recibe el nombre debido a la longeva historia de su abuelo, éste asustando al pequeño Howlin, cuando le contaba que los lobos bajarían de la montaña, con esos desaforados aullidos y sería presa de los feroces animales sí el pequeño se portara mal. También muchas leyendas aledañas con los sucesos de lobos merodeando por esa parte de Chicago. Sus padres se separan, la inconforme madre religiosa lo echa de la casa a los 13 años, ya que el blues se consideraba, como tantos perjurios han pasado sobre tantos géneros, como musical del diablo. Después de encontrar apoyo en su padre, Wolf comienza su carrera allá por los años 48s.

Muy bien, entonces, ¿Qué tenemos aquí? Moarnin in the moonlight, trabajo de finales de los 50s con la propagación clásica del género y de un movimiento, que aparte de contener cifras desmedidas de tristeza, aportaba una edulcorante armonía con los berridos, aullidos y alardes de Wolf en plena edificación del sonido Blusero. Aparte de la gran figura que ostentaba nuestro hombre lobo, su estatura cerca de 1.98, sin duda que fue y marcó gran personalidad entre los coetáneos y fanáticos del estilo. Hoy es conocido por ser uno de los armonistas influyentes en el sentido vocal-virtuoso y crear una barrera invisible entre crudeza y sentimiento de la mano.

Pero, hablemos un poquitín más de su sonido. Este blues que nos presenta Wolf y compañía, está cargado, como bien mandan los astros, de tempos lentos y monótonos en su mayoría, con incrustaciones y prestaciones de la harmónica en un papel relevante y de peso gordo. No está de más decir que 97% de bandas de Blues, Blues-Rock, Delta/Blues, utilizarían ya antes este recurso hasta al extenuación, a veces cambiando con violines y en excepciones de teclados; aunque sin duda, esto sería más de Gente que trabajó cercanos en el Swing, caso que no corresponde con Howlin.

Teclados a la vieja usanza, a lo imperioso y pletórico de los vestigios de Ray charles, y pequeños bajos que se van deslizando a medida que la aurora se va contaminando de la mala vibra de Wolf, la pestilencia de unas guitarras con Slide hasta el hartazgo, crepitantes y cadenciosas percusiones apenados y acongojantes. Lleno de unas repentinas protuberancias armónicas, tónicas y llenas de un grado diluido de feeling de sincero expresar y de cuando en cuando una voltereta en el aire con esos respiros roncos. Algunos solos de guitarra semi-distorisonados y chasqueantes.

Tenemos himnos casi indiscutibles cuando le pegamos el repasón al disco, porque a pesar de ser un álbum con un carácter simple, sencillo e idílico, cuanta con una sensación desbordante de buena música y artificiosa malicia innata de Wolf  al recitar, cantar, entre silbar y susurrar de vez en cuando.
Canciones como: “How Many More Years” nos recuerda a esa música que creció entre los esclavos, heredados de una vena gruesa y africana, de grandes cambios sociales, culturales y políticos, y ni hablar de inmensa y voraz influencia general en la música. Pero, lo que hace escuchar reluciente, brillante y propensa a How Many More Years es esa llamada vs respuesta de la tan entabla y discutida algarabía entre los acervos, y a veces, infames del blues.

“Smokestack Lightnning” es donde el hombre lobo demuestra la gran variedad en sus tonos y su especial sintonía con los aullidos de esos temores de la infancia. Tiempo aventajado y poco abrumador.  Y señores, para no tocar todo el repertorio, sólo especificar una rolita más: “Evil” aquí sí nos topamos a un lobo enojado, colérico y en su vorágine, rasgando a toda mecha esas infernales resonancias que suenan con gran truculencia. Me gusta tanto. Ese sólo de harmónica es imperdonable perdérselo. Por algo el blues y Johnson fueron tachados de diávolos y criaturas luciferinas.

Y chéquense esa portadota, lobito con una luna más brillante que el sol, llamándose a los colegas para la hora de la cena: entre dientes o patas traman comerse a más de algún despanzurrado tonto pibito que sólo tiene que ir a dejar unas botas negras a la casa vecina. En fin, disco remolón, chubascoso y delirante: apto para estar relajadón, pasmadón y bien tirado a la hamaca con los pies desnudo y dos que tres insectos, de esos que son más feos que los pelos del baño, caminando por el piso seco y polvoso del campo, mientras los vemos merodear la paja, la techumbre y la vida rea y férrea.  ¡Bajárselo o bajarse la falda y/o pantalones!






Nota: 7.3 pero, echadle una bostezada y te lo comes en un santiamén





Publicado Por: Albert Spaggiari

Little Walter - Hate To See You Go [1969]

La comidita ya esta bien servida!!!

Marion Jacobs, mejor conocido por Little Walter, fue un armonicista, cantante y guitarrista de Blues. Nacido el 1 de Mayo en la Luisiana de 1930, en pocas palabras en U.S.A. Además de atribuirle como una de las principales figuras en construir el Chicago Blues.




La Gringolandia logra y saca la panza llena de pelos, pelos robustos y enrollados. De los cuales casi todo el mundo acostumbra ver y que mucho se parten la espalda por lamerlos. Allá por los años de los años, antes de que los alienígenas pusieran las cuerdas de acero, en una época remota, en que sudaban las influencias de muchos en la actualidad, de la que casi todo el mundo habla y nadie le da el botón “ON” a sus sucias orejotas de troll para ponerle atención. Sí, mi señor, hablo del buen carbón del Blues.

Un joven músico problemático que toca su armónica entre los 8 o 12 años en las calles, llegando hasta Chicago, se lleva la sorpresa de su vida cuando se encuentra unos Bluesmen de Talla; Sonny Boy Williamson II, Sunnyland Slim y Robert Lockwood Jr. De esta manera, Walter a su temprana edad de 15 años, logra desarrollar y lustrar una habilidad con la armónica en 1945.

El estrellato de su trayectoria seria a finales de la década 40, afilando sus dientes en compañía del grupo de Muddy Waters, que muchos en la actualidad la mencionan como “La mejor agrupación del Blues” (Mayor información, investigar los implicados de Walter), permaneciendo hasta 1952, la fecha en que su Single: “Juke” rompe el cielo y hace voltear las miradas a un tipejo joven que proyecta su carrera solista. Pero que nunca pudo grabar un material de larga duración. Solamente sencillos alrededor de la época, debido a su corta vida y poca confianza que tenían las discográficas.

Cheker Records, así como lo ven, la mítica disquera que echo a brillar las escenas Jazzisticas, Funkeras, Bluseras y todo el fruto que crecía en esos tiempos. La misma que no dio para el “Pequeño Walter” un disquete. Esa que afortunadamente saco con guante de oro las canciones compuestas, un año más tarde de la muerte del armonicista.

Esa recopilación de 15 tracks se lanzo en 1969 (si no es así, pues...Tome información adulterada), Titulillo con olor a juego de palabras que le hacen homenaje a la actitud y personalidad que tenía; “Hate To See You Go”, “Odio que te Vayas”. Sin tanto pedo y sin tanto guacamole que moler, les escupiré el recopilado.

Guitarra, Piano, Bajo, Batería y el redondo: La Armónica. Esos son los componentes que trae el full y que no tengo ni idea de los miembros de apoyo por ser de distintos añotes. Pero sin tanto B.B King que se mire por telescopio o por el “Pequeño Richard” del Rock And Roll, se les ha ido por la factura, otro pequeñín. Anoten con plumilla: LITTLE WALTER y en mayúsculas hijos de puta.

En él, las tres facetas compositivas hacen cargo, para parir un Blues corto, sin molestia y de mucha carga eléctrica. En cada segmento se sudan gotas gordas de aceitosa voz con el tono que mezcla y bate los fraseos cortos que suspiran sentimientos de dolor y que llevan en sí una sobrecargada melodía que hace rimar y terminar con excelencia los tempos lentos que procrean de sostén la batería y el Bajo, dando una rítmica que sigue las riendas vocales.

¿Que es lo impresionante? Directo y enchufado, a los 25 años de gloria absoluta de lo que vendría siendo la envidia de todo dientudo que compre una armónica, llevándolo así hasta este sujeto. Las notas, las improvisaciones, la habilidad, la destreza y esa energía de crear composiciones inigualables a esos haberes, hizo que Jacobs déjese de llamarse de ese modo, hizo una revolución total en un instrumento que él eligió experimentar más a fondo. En pocas palabras y poniéndose fanático, diría que el Pequeño es con la armónica, lo que es Hendrix con la guitarra. Entendieron Cejudos?

Voces despreocupadas de comienzo, pianos y teclados a la vez, una balanza de bajillo duro y blando agarrado de la mano del baquetero, unas cuerdas agudas y finas de guitarra del mismo autor vocal y repleto de solos e instrumentaciones de gran balance y de técnica del instrumento de viento-madera, ese que hace ver una tuba como un triangulo en un despegue de la NASA, ese que aborda la amplitud que puede causar una guitarra, ese lleno de versatilidad y alma que adorna las letras de las cuerdas de Marion, que expiran por su boca un ambiente y una serenidad en lo que hace.

Las tres habilidades que puede causar el jovencillo son una ficha bien colocada en cada pista, sin aburrirte y sin pretextos, en menos de 3 minutos amplifica el viento que sopla como un elefante esquizofrénico, una guitarra que alterna los sonidos y la vocal cómodamente terrenal a la utilización de practicas 100% Bluseras. De eso, el infravalorado Walter saca jugo con pulpa creativa y de soporte a las secciones rítmicas y a los coros.

Un semejante como este, no lo vas a ver muchas veces y eso sin mencionar los elogios de sus amigos, premios que tuvo, anécdotas y toda esa clase de alabanza de sobra, aparte de la antes escrita. El tipo y su mente a otro mundo, expreso al pie de la letra en cada línea que termine en “Baby” con una mayor parte en solos en cada canción y volver a una formula hecha sin adornar 10 minutos de magia, y bla, bla, bla. No, sencillo, crudo y hasta bailable con toda la emoción de hacer algo suyo y sentirlo.

Prometedor hasta en las calcetas del Buda y eso ni que se diga del material que pudo hacer y nos hacemos la ilusión con este componente de 15 canciones de derivadas experiencias de cambiantes ritmos lentos y sujetos a la movilidad de agitar la Coca-Cola con el pie lleno de arena y que no hace falta redundar y proclamar la descarga a Little Walter. Un As de la armónica y del Blues.




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Nota: 8.7


Publicado Por: Zdzislaw Beksinski


martes, 17 de diciembre de 2013

Babaluba Blues

Así como balbuceamos y escupimos, tendremos que enmarcarnos con cinta negra las notas y la gusana transpirante que recorre por nuestras mentes... El Blues acompañado del Jack Daniels de cada madrugada y de cada jornada. Si, como lo leen semillotas, chorrearemos aceite al blog con un especial del Blues, ese que genera tiroides de testículos, ese que fascina a los oyentes de orejas llenas de telarañas. Sí, ese que abordaremos con toda la amplitud de las extensiones sanguíneas que tenga este genero.

Espero chupen al rasgarse la garganta llena de clavillos y le metan al campo de batalla blusero...!!!




Publicado Por: Zdzislaw Beksinski


domingo, 15 de diciembre de 2013

Mafalda Arnauth - Esta Voz Que Me Atravessa [2001]

Mafalda Arnauth es una fadista portuguesa nacida en 1974 y una de los exponentes centrales del fado contemporáneo del siglo XXI.




Mafalda comienza con teatro y con un logro debut homónimo a finales de los 90s y para el otro extremo se lanza su segundo Lp dedicado al Fado y con tres guitarristas frente; Ricardo Rocha en las cuerdas portuguesas, José Elmiro con la guitarra fadista y un contrabajo a manos de Pablo Paz, esenciales y dispuestos a acompañar y ajustar la voz de la que antes era una veterinaria. “Esta Voz Que Me Atravessa” del 2001 con la etiqueta EMI, esa larga duración que abriría más espacio a la artista en la escena…

La cremita dura y blandita se empuja a las vías del Fado tradicional sin mezclas tecnológicas, no es nada como vimos el anterior caso con Dulce Pontes. El trabajín llena secciones cuerdaticas (Valga la redundancia y los conceptos inexistentes) en toda esquina oyente y en toda movida de pistas, a lo puro, al fresco sonidillo agudo entremezclado con tango y ciertos tonos más opacos entrelazados con la dinámica vocal  que ahuyenta las moscas y que provoca chispas de melodías que van conforme le siguen las guitarras.

Rítmica y Solos acústicos elaborados con la cálida agua que chorrea en tu cara, que de alguna forma te hace ver en ocasiones que es un piano el que se disuelve, dándote un relajamiento emotivo y creativo de auras desarrolladas en el amor al Fado, nada que tristeza deprimente. Arnauth lo hace a todo corazón y a todo vapor con las expectativas de las liricas; explicándosenos que el Fado no es tristeza, es superación. Así lo describe la autora de Lisboa y lo emplea al pie y letra en las pistas del material.

42 minutos disfrutables de una Lusitana que evoca ámbitos amigables, bailables, baladitas y un repertorio que hace alumbrar la escena portuguesa y de una excelsa calidad exquisita para echarse el tragón y parar las orejas con temas como: “Esta Voz Que Me Atravessa”, “O Instante Dos Sentidos”,  “Nao Ha Fado Que Te Resista”, “Ai Do Vento”, “Coisa Assim” “Lusitana” y un etcétera que emite ecos y ecos de melodías; Guitarras Magnificas y una Voz que ni se diga.






Nota: 8.3

  
Publicado Por: Zdzislaw Beksinski


viernes, 13 de diciembre de 2013

Katia Guerreiro – Fado Maior [2001]

Katia Guerreiro es una cantante portuguesa de 37 años de Fado. Conformando una de las principales y reconocidas artistas del género contemporáneo, que supieron revitalizar el Fado clásico y remontarlo en una vena más moderna, pero siempre conservando los elementos que caracterizaron al dicho género.


Que les puedo decir mis compinches…para empezar, la niña Katia Guerreiro cursó sus estudios de medicina, a la vez apasionándose por la música natal de Portugal (así es el Fado) manteniendo estas dos disciplina como sus más grandes amores, mis estimados. Pero, para entender esencialmente lo que nos presenta el álbum, tenemos que remontarnos al tango argentino, exactamente ese clásico tango de Gardel y sus congéneres. El álbum recopila vastos elementos del tal género, pero diferenciándolo drásticamente sobre su tempo y proyección ritualista.

Igual o en cambio, tenemos, como la mayoría de veces, música apesadumbrada, acústica, emotiva, sentimental y con un despiste un tanto nostálgico y evocativo. Katia, a igual que Mariza, revive esos sentimientos lejanos, donde alguna de nuestras partes se encontraban extraviadas y con la facilidad ecuánime, con la que cuenta Katia, nos avocamos ante tales sensaciones y sentimientos. Revivimos perfectamente lo que una vez hable en la reseña anterior. Pero, ¿Cuán real puede llegar a ser la experiencia en la qué Katia nos involucra? Como todos los casos, llenos de episodios subjetivos, puede o no enconarnos entre rubros, aunque sí eres propenso a que tus emociones se activen de melancolía con pequeñas retahílas e inmiscuidas paráfrasis, pues de seguro este disco te queda bien justo.

Aunque no contamos con una variedad rítmica de instrumentos, sí, nos volvemos a centrar en el feeling: rango y timbre de Guerreiro, dejando pequeños tramos cetrinos para esa triste y perezosa guitarra que va encaminada, al principio, con una voz estoica, impertérrita y en contraste con su inicial estilo se va mojando, salpicando al oyente, de un gran feeling auditivo.  Eso sí, par aquel que espera virtuosismo, mejor marchando en dirección contraria, porque aquí, mis queridos colegas, tenemos música que emana el estado puro, quieras o no verlo, de una sentimental columna montañesa e incólume.

Pasando al tema meridional, “la instrumentalización”, para que no digan que puros borrachos/as estrechados/as a la verborrea escuchamos. Bueno, la guitarras, tienen perfectos interludios, vahos acomodados y pequeñas interdicciones, alejándose de lo encofrado, séptico, críptico y de las experiencias de carácter complejas y rusticas para nuestros oídos. Aparte de disfrutar de ese anterior estilo de música, a veces la ausencia imparcial de percusiones, deja un poco de vacío tonal y rítmico, pero, si vamos a enfrentarnos y poner caradura, tendríamos que dejarnos de tonteras, porque siendo así su música (Muy simple) recrea ese ambiente, de nuevo, bohemio y honesto, apartándose diametralmente del lucro o tácticas infalibles en ventas seguras y fructíferas.

Pero, yo dejaría el disco a un nivel muy personal, porque el simple hecho de ser una música con ligereza y de decrecientes e intrincadas secciones rítmicas, es muy difícil catalogarlo de obra ignota y absoluta; sin embargo, no podemos quitarle al César lo que es del César…. Honestidad y pasión, ni Dios se las quita, y mucho menos a guantazos y pérfidas miradas desdeñosas.

Hay canciones donde nos derrocha una buena esencia de la mítica “Amalia Rodríguez” ese tributo encajado, ensimismado y desorientado de cualquier oreja inquieta y desbordante de ira e impaciencia. “Guitarra Triste” es ese homenaje, casi invisible y personificado a favor de Katia, pero sí buscamos con una vehemencia de todo voraz lector melómano, hallaremos que Amalia, como reina intocable, necesita de dos o tres Katias para logar levantar sobre sus ojos sanguinolentos, esa varilla de hierro solido que forjo hace anales; aunque Katia, como buena aprendiz y muy lejos de la incipiente virtud fadista que caracteriza a Guerreiro, nos deja con loables tesituras.

Tampoco dejemos atrás la ferviente inclinación hacía temas propensos y con una desembocadura mística, idílica e ideal: como lo son las religiones. Cantándole, una tierna, cosiaca y tremebunda composición, llena de pequeñas ventiscas de luctuosas admiraciones personales y enardecidas. Cosas muy respetables y aprobada, siempre y cuando sea haga con sentimiento y lejos de alienación mercantil y metodista.

No hay mucho más que agregar, ya que las canciones siguen una fluctuación similar y análoga; no hay de donde perderse, si rascamos profunda y tenazmente el disco con las mejores y más amenas ganas de aprender. Quizá no llegue a gustar a muchos, pero “la niña Katia” cumple su objetivo, a pesar de estar soterrada en nuestras alevosas aficiones por la tendencia Norteamérica Tenemos que brindarle un pequeño y emblemático recinto y el cheque de aprobación con la careta sonriente y menos apócrifa que tengamos. Sello de aprobación, pero pueden apreciarlo bajo aspectos contrariados y patéticas discusiones sin lugar… depende de ustedes, mis amigos.

Portada, con la figura perfilada de la sien de Katia: Cejas negras, cabello igual negro, tez blanca… nada de muñequitos prefabricados, sea por tal o cual razón, conocemos bien el significado en este punto.
Bueno, mandriles sin dientes, acérquense y bájenselo, no es la gran cosa, pero les aseguro que si prestan e hincan los oiditos, tendrán una grata y espiritual experiencia…. No es caviar, ni legumbres pasada por aguita caliente… pero tiene sabor, carisma y personalidad!!!! Bajón de un pinchazo. “Yo también quiero vivir los días contigo”






Nota: 6.2 




Publicado Por: Albert Spaggiari

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Dulce Pontes – Lágrimas [1993]

Dulce José Silva Pontes es una cantante de Fado nacida el 8 de Abril de 1969 en Montijo, Portugal. Siendo una artista que contribuyo al renacimiento del Fado en los años noventa y renovando lo que hizo alguna vez la mítica Amália Rodrigues, aparte de concentrarse también en el ámbito musical de la World Music.




Retomando lo antes dicho, queda más que claro que el Fado no nació en los 90s, solo se hizo un poco más popular y con más artistas en la movidita del fin del siglo pasado y que la mayoría (no significa todos) de fadistas provienen de países como Brasil o Portugal y como es costumbre; cantado en portugués o en catalán o incluso en gallego, pero bueno sin desviarme de el platillo resumiré…

Dulce crece con afición al piano, luego se deriva en su adolescencia y se centra en el ballet, lo cual no pudo por edad no cometida y gracias a eso finalmente se concentra en obras de teatro, de comedia y en el espectáculo como actriz y cantante. Pero finalmente el contrato y la observación por los caza talentos, llegaría en 1990 cuando la artista gana un premio del Festival de la canción eurovisión, con el tema “Lusitana Paixao”. El comienzo de su carrera va de la mano de Movieplay, acompañada con un debut certero en ventas y más orientado al Pop.

“Lágrimas” se estrena en 1993 con 12 componentes escritos por una diversidad de artistas y con una Dulce Pontes que ilumina en alto su carrera y su nombre con un tracklist sumergido por un Fado extrovertido con mezclas electrónicas, pero no del todo, ya que en su parte se inclina más en el rustico toque de guitarras españolas, mandolinas y un poco de piano escurrido por los tonos altos y soberbios de Pontes transmitiendo las liricas de amor, tristeza y otras raíces como de costumbre en el genero, pero con una exactitud de esquina a esquina, significa que sus timbres vocales son muy hábiles, dramáticos y con una potencia adecuada.

  Lo que logra adornar y acompañar la ensalada tonal, son el folclore que se entrelaza al rango que crea melodías sin música que en muchas ocasiones son cuando se repite un párrafo con toda la intensidad y necesidad de expresar lo que dice la letra, aunque sea corta pero muy palpitante la base coral en que se proyectan las pistas, dando una entrega hermosa que no cabe mencionar que al situar los sintetizadores para ausentar la sección de cuerda, le da otro aire y color al álbum.

Mucha variedad y mucha calidad en cuestión vocal y cambios de estilos, ya sea una mezcla Pop, Folk, Fado u otras ramas que logra resaltar el aura y el ambiente de la voz de Dulce José con unos altibajos hermosos llenos de carismática rima y sonido que se van dando a paso que se leen las líneas con un gran vigor de armar una melodía exquisita, impresionándonos de nuevo con juegos simultáneos motivos de una inspiración arábica, búlgara y tradicional, con guiños como: “ioioioioioioioio” “totorilla yoyoreo paia paia” “Lariandalailai lai lo lariandalailai lai lo” y eso sin mencionar los demás gestos que adornan las pistas de más color bailable.

Pero no todo es Baile, como antes dije desde un inicio. Su centro formidable esta en la espectacular voz de la europea y su espiral esta en las combinaciones modernas que utiliza, pero su reputación se llevo a cabo con lo bien que ejecuta su técnica de cantar a temas ibéricos lleno del estilo Fado, que ensalza todo el disco con canciones como: “Cancao do Mar” “Novo Fado Da Severa” “Estranha Forma De Vida” o la que casi todo fadista a escuhado en el generín, la luminosa y triste “Lágrima” escrita por Amália y hecha oro por Dulce.

Repleto de una rima en portugués que exhala un rango que acomoda y acopla las pistas más tradicionales sin tener que aburrirte o estar desesperado, en casi una hora hay un entretenimiento masivo de una ensalada cremosa de pop con el platillo principal, que es la mariscada llena de caldo con sabor a Fado recto, justo y con mucha distinción que subraya y se pone atento para aquellos que no le entran a este genero, para iniciar voluptuosamente satisfecho de un material decente y masticable como un camarón bien puesto en tu lengua.






Nota: 8.7


Publicado Por: Zdzislaw Beksinski